
El volcán estaba a punto de estallar. La sangre se había convertido en lava, mientras el sudor de ambos se mezclaban para luego evaporarse.Sus cuerpos se movían al mismo ritmo. Ella lo sentía a él muy dentro suyo y eso le originaba un placer sin comparación. Un placer físico, mental, emocional... Un placer que nunca antes había sentido. La atracción era incontrolable.Ella, desaforadamente, quiso tenerlo todo para si. Y en un acto de lujuria le pasó su lengua por todo el abdomen y el pecho hasta llegar a sus labios ardientes.En un beso apasionado detuvieron el tiempo. El la dio vuelta, la puso contra la pared, le mordió el cuello suavemente para luego bajar con apasionados mordiscos por su espalda de piel sedosa. Y, mientras le acariciaba sus pechos, volvió a sacudir el cuerpo y el alma de su amada. Toda la noche duró el ritual.Hasta que el fuego de la pasión consumió sus deseos. Sólo por esa vez...
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